Un día como hoy, hace ya 6 años.

Mi primera publicación desde hace más de un año en este pequeño jardín va a ser un tanto cursi, muy personal, excesivamente nostálgica y sobretodo muy, muy inestable (espero que no tanto). Avisados quedan.

He estado mucho más sensible, sentimental, nostálgico y plástico (artísticamente hablando) desde hace algunas semanas. Probablemente la intuición me estaba preparando para este momento, cuando se supone que ya he alcanzado cierta estabilidad en varios aspectos vitales.

Y debe ser así, pues hace seis años, aproximadamente un día 25 de junio como hoy, una tarde de invierno limeño, conocí el amor. (No tan) Obviamente, un amor completamente diferente al de madre. Un amor cómplice, un amor comprensivo, un amor peculiar, un amor complementario, un amor desde el fondo del corazón.

Fui muy afortunado, pues aquel era un amor no solo de mujer sino de maestra, que me enseñó muchas cosas a partir de su experiencia y madurez (muy superior a la mía, amén de ser algo mayor que yo) y forjo en mi tantas otras en mi espíritu por las cuales una vida no me sería suficiente para retribuir.

Desde entonces lo que yo denomino mi “viaje” ha tomado un giro bastante impredecible tanto en actos como en las consecuencias de estos. Con todo, la gran constante ha sido siempre el caminar para adelante, con todo el peso de mi inmadurez, mis dudas y mi honestidad brutal que muchas veces me hacía -y me sigue haciendo- víctima de mi buena voluntad.

Tal vez no estábamos destinados a compartir el mismo camino y por cosas tanto de la precipitación como de la confusión propia de mi yo enamorado ayudé en cierta medida a que nos separásemos. Y de eso -cae como anillo al dedo la fecha y mi estado de ánimo melancólico/reposado- hace ya seis años.

Por eso, desde la lejanía de los sentimientos que impone el todopoderoso tiempo solo atino a dedicarle esta canción por entero a ella, quien curó mis heridas, me enseñó a amar y ayudó a dejar salir un poco de la luz que yo guardaba en medio de una etapa terriblemente caótica y oscura que estuvo a punto de acabar, si no con mi vida, al menos sí con mi cordura y mi escueta humanidad.

Hoy que al fin puedo dar la vuelta atrás y ver el larguísimo camino que he recorrido -sentimental y espiritualmente hablando- puedo escribir mucho más consciente y maduramente estas líneas, sin la desesperación del adolescente ni la angustia del amante, pues saqué fuerzas de mi flaqueza y de la mejor manera posible aprendí a pasar la página de aquel capítulo torpemente inconcluso.

Pero (porque siempre hay un pero en todas las historias) si el ineludible destino me diera una vez más… una oportunidad más de coincidir con ella en esta encarnación, le demostraría desde mis 20 y tantos años de vida que el tiempo de su ausencia no ha pasado en vano.


A ti, MJ.

Y ya saben, procuren nunca hacer infeliz -sino más bien, TODO lo contrario- a la mujer que les haya dicho alguna vez “Te amo” (sea en susurros, cara a cara o incluso frente a todo un público) desde lo más profundo de su ser, abríguense mucho contra el invierno si están en el hemisferio sur y, para despedirme por un corto tiempo (espero), no se sorprendan nunca si el destino les arruina todos los planes, porque uno no es dueño ni de su vida ni de sus sentimientos… ni siquiera de lo que va a escribir en su blog un día de junio de un invierno limeño.

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Publicado el 25 junio, 2012 en Anecdotario. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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