Madurando (en setiembre)

Y bien, acabo de volver del veterinario adonde acompañé a mi hermano para que suturaran por fin el gigantesco hueco en la pata que tenía su perro desde hace 3 días. Esa fue la culminación de un minidrama de mi vida familiar que no debería haber sido tal si las cosas no se hubieran complicado tanto en menos de 24 horas.

Luego de una debacle de emociones encontradas en este feriado largo (2 o 3 largas historias que sinceramente merecen otro post… ¡que sí pienso escribir!), ayer viernes, último día de agosto, por la noche no tenía plata para salir a divertirme a alguna de las dos reuniones que se me presentaron para pasarla bien en este (para muchos) feriado largo. Luego de horas y horas frente a la PC que concluyeron en un videochat vía facebook con algunos de mis viejos y más queridos amigos de colegio (la cual por cierto, remató mostrándoles un video de mi primera presentación en vivo junto a mis colegas del coro al que pertenezco, además de, en lo animado del momento, cantarles a capella dos temas al azar… ¡y todo eso gratis!) me disponía a dormir, cuando de repente, mi anciana tía abuela pasaba hacia el baño y se percató de que el perro, herido días atrás tras una pelea con un perro callejero (que yo no llegué a presenciar), vomitó sangre en una cantidad a todas luces alarmante.

Después de quedarme en shock pensando en cuán grave se había vuelto la cosa, mi tía me dijo que limpiara la sangre (que había manchado bastante el cojín y apestaba a mil demonios), así que ni corto ni perezoso tomé los primeros periódicos (deportivos, presté poca atención a este hecho) que tenía a mano y limpié lo mejor que pude la cama de Max -así se llama nuestro protagonista- y luego de abrigarlo y volverle a poner las vendas que horas antes mi madre y mi hermano le habían envuelto de manera improvisada en la herida, me dispuse a dormir. 2, casi 3 de la mañana, y tendría que chambear en algunas horas más.

Me despiertan los gritos y requintos de mi madrecita pasadas las 7:30 de “la madrugada” diciéndome que porqué había hecho llorar a mi hermano y que hiciera algo al respecto, mientras este último llega y me increpa el haber roto y botado su colección de periódicos deportivos “para limpiar la sangre del perro”. Si no hubiera sido por esa última sentencia, tal vez no me habría salido de mis casillas de la manera en que lo hice, y entre otras cosas crudamente honestas aunque terribles le pregunté: “¿De verdad prefieres gastarte tanta plata en coleccionar cosas a salvar la vida de TU mascota?”, mientras él, muchacho de 14/15 años no salía de su empecinamiento con que sus sacrosantos periódicos eran imposibles de volver a conseguir y que los recuperara al término de la conversación.

Con esto último y la furia a flor de piel -la cual, créanme, hice todo lo que estaba a mi alcance por controlar en todo momento, lo que por fortuna sirvió- solo atiné a decirle a mi mamá, quien también parecía estar de su parte en esos momentos que le comunicara a mi hermano lo mismo que le había dicho aunque en otras palabras: ¡¡¡O te olvidas de tus tonterías infantiles, inviertes tu plata y te haces cargo del perro en serio… o pasa a ser mío desde hoy!!!.

Al llegar a sentarme en el bus que me lleva hasta el trabajo -habiendo pagado lo último de dinero que, para variar, me quedaba de toda mi quincena- solo pude ponerme a pensar en el huracán en que me había convertido en lo que debía ser un desayuno cotidiano de sábado por la mañana, y seguí zozobrando y llorando junto con otros recuerdos de episodios similares causados por berrinches míos en años anteriores, e incluso un incidente negativo que tuve con la maestra de coro. Hacía mucho que nada me había hecho llorar de rabia total, rabia ciega, rabia de haber perdido los estribos dado mi carácter pacífico y muchas veces conciliador (soy Libra), rabia de no saber en qué momento había fallado como hermano mayor y figura paterna de la casa y había dejado que mi hermano se engriera y banalizara tanto al extremo de preferir en primera instancia lo material a una vida… mucho peor puesto que hablamos de SU propia mascota, su propia responsabilidad. En fin, la música de mi “mp3” portátil (que en realidad es apenas un grabador de voz/reproductor de wma con vastísimos 64 mb multipropósito) no ayudaba mucho que digamos, aunque, como cosa de la Providencia, la batería terminóse agotando y acabó mi martirio por ese lado. 9:00 de la mañana y solo atiné a secarme las lágrimas para que no se me notase lo Magdalena en la oficina.

Pero en todo momento estuve consciente de que la situación se había invertido: no era mi berrinche, no era yo el receptor de éste, y el veredicto que tomé no era el de un hermano mayor ofendido o resentido, sino el de una persona que, tal vez, podría considerarse un poco más con los pies en la tierra. “Adulto” le dicen por acá.

Con esto me va quedando cada vez más y más claro que clase de persona no quiero ser. Tal vez les sirva a ustedes de algo saberlo la próxima vez que piensen en mí -sobre todo por las apariencias- como un niño o joven inmaduro, como un simple soñador o hijito de mamá. Gracias por su atención, supongo que ya pueden seguir en su mundo de trolleo egoísta a diestra y siniestra vía tuiter y facebook.

Feliz inicio de setiembre, que en palabras de cierto tuitero: “Inicia el tobogán de fin de año”. ¡¡Ja, y vaya qué tobogán el que me ha tocado!! Bona nit.

Anuncios

Publicado el 1 septiembre, 2012 en Anecdotario. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Carmen Luisa Carrasco

    Cuando de las experiencias se aprende, entonces, llega la iluminación. Y vendrán más experiencias que nos ayudarán a madurar aún más… en dolor unas y, otras, en amor… pero, la decisión de crecer es absolutamente personal. No has fallado como hermano y, menos aún como figura paterna pues no te corresponde. Ten en cuenta que podemos sugerir, aconsejar, incluso ser ejemplo de vida… pero las decisiones siempre van a ser las que tome la otra persona… Y va más allá de responsabilidades propias (menos aún, culpas) y, aquí debo ser clara, un adolescente, en esta época, con toda la tecnología y medios de comunicación, ya no es ningún ignorante. A esa edad, ya es capaz de distinguir, de valorar y de tomar su propias opciones, por lo tanto, también debe ser capaz de asumir sus responsabilidades. Más allá, sólo puedes seguir sugiriendo… aconsejando… mas lo que él decida no depende de ti.

    Que nada de esto te dañe. Levanta la frente y ADELANTE… a seguir viviendo y creciendo. Recuerda que, no todo lo que se siembra, algún día florece… mas no por ello hemos de dejar de sembrar… Namasté.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: