Amormío

Amormío.

 
¿Y qué si te buscara ahora y dejaras de ser mi única pena? Podría así, darle espacio a otras cosas por las qué llorar. Sería una escena de coraje irrepetible por el que me sentiría orgullosísimo de por vida.
¿Y qué si te llamara para contarte que no dejo de pensar en ti desde el día en que te vi? No cambiaría nada, yo sé. Ni me buscarías, ni me querrías más de lo que nunca [te quise yo].
¿Cuánto alcohol le hará falta a mis venas para que pueda llenarlas de agallas y decirte que te quiero, ahora sólo a ti, más que a nadie? Desde que pronunciaste mi nombre mirándome (sin mirarme) a los ojos, regalándome tu confianza para envolverla en mi entera devoción.
Me ahoga no poder llamarte ni si quiera para contarte que aunque en aquel Octubre todo iba mal, yo sonreía porque te pensaba… y te invocaba, sin contestación alguna.
Ojalá vuelvas algún día, y cures mis heridas, y pases tus dedos por mi pelo, y me recorras cual lugar desconocido, porque hay un lugar es tuyo que nadie más ocupó desde que te fuiste.
Y pedirte que nunca me olvides, amor.
 
[Copy-paste y adaptación del post de Del buen gusto de la palabra, de la buena colega tuitera @catabalarezo]
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Publicado el 5 enero, 2013 en Tinta Mental®. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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