Miedos, reflexión… y Bogoshipda (7 años después)

Una tarde de verano de un otoño limeño cualquiera, como dirían Los Chabelos, me reuní con la mujer que por ese entonces me amaba, MJ, pues me había enterado tiempo atrás que tanto ella como sus amigas íntimas eran una especie de aquelarre que tenía el don de adivinar mediante sendos métodos la vida de una persona, y yo, siempre tan creyente de estas cuestiones esotéricas y poco científicas, le pedí que me adivinara el futuro.

Llegado el día, nos reunimos en un café céntrico, neutral (creo que porque andábamos algo peleados por una razón que ya no recuerdo) pero vacío, que era lo que al fin y al cabo nos era suficiente para nuestro fin. Tras preparar durante un momento su ritual de lectura y pedirme que las mezclara el envoltorio de lino en el que estaban, extendió las runas nórdicas sobre la mesa y tras interpretar durante un par de minutos aquellos extraños símbolos de formas caprichosas y ajenas a mi comprensión me dijo:

– No vas a salir del país.
– ¿Del país? ¿Nunca? -pregunté.
– No, nunca, de Lima sí, pero aquí dice que tu no saldrás del país.

Por una serie de acontecimientos precipitados, al año siguiente tuve la oportunidad de poder viajar al extranjero. Y digo “poder viajar” porque si bien no tuve que preocuparme de casi nada en cuanto a trámites y demás, la entrevista fue por demás breve, amenazadora y fulminante. No salí del país y no cumplí las expectativas de algunas personas que en aquel momento hicieron posible aquella oportunidad. Quizá porque todo aquello obedecía a voluntades y recursos más propios que ajenos mi destino, al menos en esa ocasión, se cumplió sin opción a réplica.

Si rememoro este episodio es que estoy a punto de dar un pequeño paso en mi carrera académica y profesional, un gran viaje al extranjero por mi entera voluntad y recursos propios que aunque no redondeará mi objetivo inicial, al menos me servirá para distraerme fuera y aprender un poco más de otra región de perromundo y de sus costumbres.

Sin embargo, estos días previos a mi viaje no me han parecido de los mejores, tal vez por el progresivo enfriamiento o distanciamiento que he sentido con algunas de mis amistades más entrañables (casi ajenización o indiferencia), mi renuncia después de 3 años de un por momentos intenso, por momentos extenuante proceso de aprendizaje laboral en uno de los primeros trabajos serios que he tenido en mi vida (y del que, la verdad, casi casi me había llegado a enamorar por la libertad creativa que me otorgó y reveló de mí mismo), a abandonar por un periodo -aunque breve- bastante crucial los ensayos de la Escuela de Coro previos al 3er aniversario de Animatissimo y que forman una minúscula parte de nuestro largo trayecto para llegar al Carnegie Hall de Nueva York (¡el mejor recinto musical del mundo!). No, no es broma, chequeen el grupo en Facebook y sabrán que lo que digo es inaudito pero cierto.

A todo ello me queda sumarle una pequeña gran angustia casi mitológica por el siempre patente vaticinio que mencionaba antes. Ya, ya, ¿qué esperan para decirme “idiota” y trollearme?

Y si menciono Bogoshipda, no es porque tal como 7 años atrás, este en este mismo momento escuchándola en mi reproductor Foobar2k, sino más bien porque fue en parte que esa canción forma parte de un miedo que siento la obligación de confesar un tanto de manera pública, puesto que no he encontrado ninguna persona confiable/mejor amigo(a) que pienso que pueda asimilarlo y aconsejarme.

Hace tiempo ya que me decidí por cultivar el canto como un hobbie, desde que descubrí el talento musical y sobre todo interpretativo de Enrique Bunbury, a quien os recomiendo y en exceso, mucho más en su etapa solista. Desde entonces no he hecho nada más que descubrir gracias a sus colaboraciones a un sinnúmero de artistas y géneros musicales a los cuales por la vertiente japonesa jamásme  habría (ni hubiera querido) aproximado ni en broma. Curiosamente, casi todos ellos tienen en común o que tienen sus raíces en el jazz y el blues (mi amada “black music” como le digo de cariño), específicamente en su versión melancólica, triste.

Y es que Enrique en una entrevista hecha por Migue Bosé (junto a quien era por entonces la súper amiga de aquel, Amaral) en television española mencionó algo que llamó poderosamente mi atención y de lo cual no me había querido percatar en cuanto a mis primigenios gustos musicales occidentales y orientales va:

(presten atención desde 0:30 hasta 1:05)

Es exactamente lo que yo le diría a cualquier persona que me preguntara por mis gustos, influencias musicales o mi dilección por interpretar gésticamente las canciones que me toque cantar en tal o cual recital. Sí, lo sé, tal vez piensen que eso me convierte automáticamente en un drama king o en un sufrido a quien le cuesta ver “lo bella que es la vida con sus canciones de arcoiris”… ¡Pero es lo que hay! Es lo que me ha gustado y me gusta por ahora, y al parecer a mucha otra gente parece gustarle -algunos de los que ya me han visto cantar/interpretar- aunque en su vida no sea precisamente el dramatismo hecho persona. ¿O acaso quien adora leer novelas eróticas es necesariamente un depravado sexual o quien se especializa en psicología criminal se convierte siempre en asesino en serie?

Presa de esa un tanto inexplicable pasión, estuve en el recital de mi amigo Edison en Miraflores como invitado suyo cantando Bogoshipda (sí, Bogoshipda, el tema coreano del melodrama “Escalera al cielo”… y no, no me he vendido a la coreanada feroz, la canción me gustaba desde hace 7 años ¡y punto!) y mi tema “de bandera”, One more time, One more chance de la película animada “5 cm por segundo” (que ya voy cantando como 4 veces en público), temas que les gustaron mucho al público tanto por los aplausos, felicitaciones y críticas que luego recibí de los mismos.

Desde la primera vez que subí a un auditorio como solista la noche del 23 de agosto del 2012 [AQUÍ], la oscuridad de un reciento abarrotado de gente, los reflectores que literalmente me enceguecen, el micrófono esperando cada una de mis “verdades”, el canto y la interpretación se volvieron la mayor de mis pasiones. Aquella oportunidad no habría existido de no ser por Animatissimo, la mamaestra Carmen, Gabriel, todos los del coro y mis amigazos del coro =)

Pero (des)afortunadamente, también el mayor de los VICIOS por los que he atravesado hasta ahora. Pero no por mi ego como muchos de ustedes pensarán ahora, sino por ser el único lugar en el cual puedo escapar del mundo, o al menos de dejar de pensar y ser por un momento, otro que no sea yo.

Días después del evento de mi amigo Edison me asaltó una duda, una especie de amarga revelación de parte de lo que podría denominar mi “anticonciencia” o “conciencia autodestructiva”:

Durante muchos años has preferido la melancolía, la nostalgia, la evocación constante de la soledad, del verte un tanto en plan de víctima de tus circunstancias o de las que refieren esas canciones, a las canciones tristes, cortavenas, cantineras, etc. Y, claro, crees que eso te hace sentir bien, capaz de comerte a todo el mundo o de metértelo al bolsillo desde el escenario. Ahora, si alguna vez decidieras cambiar tu concepción, y pudieras por ejemplo, tener alguna vez la oportunidad de renunciar a ese mundo de niebla, incertidumbre y dramatismo que te gusta y que crees tú que te hace “brillar más” por algo, digamos, como el amor… ¿volverías a interpretar de la misma forma? ¿volverías a sentirte libre en el escenario, u otra persona como crees que te sientes desde allí arriba?

Siempre fuiste el mismo (imbécil) jugando a buscar al amor. ¿Volverías a ser el mismo si el amor -por fin- te encuentra a ti?

Yasí pues, como dijo el maestro Bunbury en “De todo el mundo” (en tono de balada de Neil Diamond <3):

Que no le cause a nadie espanto si yo mismo me acuso.
(Recién me percato que el videoclip encaja perfecto conmigo en este momento)

Pero (por que siempre hay un pero en todas las historias), si mi destino llegase a cumplirse y yo no pudiera salir (o reingresar, uno nunca sabe) del país por alguna luctuosa circunstancia, por favor -y deseo con todas mis fuerzas que mis amigos más íntimos lleguen a leer esto-, no se olviden que la canción para mi entierro es y será la mejor en vivo de John Mayer, Gravity.

Just keep me where… the Light is.

No es más que un hasta luego… ^;_;^

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Publicado el 4 marzo, 2013 en Anecdotario. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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