Ha renunciado.

En la vida de una persona la tristeza se acumula aquí y allí, tanto en las sábanas puestas a secar, en los cepillos de dientes del baño, como en el historial de llamadas del móvil.

“Aún te quiero, incluso ahora… -así le escribí el email a la chica con la había estado desde hace 3 años- pero aunque nos enviásemos miles de emails nuestros corazones no se acercarían ni siquiera un centímetro”.

En los últimos años, he avanzado sin ninguna esperanza, tan solo para tocar aquello que no puedo alcanzar. Ese email me lo confirmó.

Sin entender porqué este amenazador pensamiento se puso delante, seguí trabajando. Cuando me di cuenta, mi corazón se endureció y perdió su joven vitalidad.

Y una mañana, cuando por fin me di cuenta de que había perdido todo lo que era hermoso, llegué a mi límite y dejé el trabajo.

renuncia

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Publicado el 27 agosto, 2013 en Anecdotario. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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